sábado, 8 de octubre de 2011

2° Comer una hamburguesa una vez al mes.


¡Yum! Hoy Sábado fue para salir de la rutina. Llevaba varios fines de semana sin salir de mi agujero. En realidad nunca he sido una persona a la cual la soledad le asuste. Me agrada estar con tan solo mi compañía, aun que no todo el tiempo todos los días. Para salir de la rutina decidí visitar el único centro comercial que hay en la ciudad. Caminé y caminé. Anduve y anduve. Curiosee y curiosee. A medio día me di cuenta que no había desayunado nada. Comenzaba a tener hambre. De la sección de alimentos veía los lugares casi vacíos, cosa no de costumbre a esas horas y en fin de semana.  Me pregunté que seria adecuado consumir. ¿Tal vez sushi? ¿Tal vez una ensalada? ¿Tacos? o ¿Quizá pizza? Fue cuando percibí ese olor característico a papas fritas. Los carbohidratos no son nada divertidos. En exceso se convierten en energía de reserva en forma de adipositos que bien agrupados dan lugar a montículos de grasa y se depositan en los lugares menos esplendidos. Pensé en declinar, pero obviamente la tentación era suficiente y con hambre mas. Me dirigí a tomar orden y observé los precios. Recordaba cuando junto a papa y mama acostumbrábamos los domingos una vez cada 15 días a consumir una deliciosa hamburguesa. En aquellos tiempos el costo era accesible. La mas costosa (esas de doble carne, queso y menjurjes de más) no pasaba de cincuenta pesos. Hoy en día eso paso a la historia, pero siguen siendo frecuentadas. Entonces encontré un combo bastante agradable llamada "King Teriyaki Crujiente". Accedí a darme ese lujo a un buen precio ($49, con papas y refresco). Pensé entonces, ¿hace cuanto que no como una hamburguesa? Siempre por evitar las calorías de más. Es un hecho de vida, de mi vida, que deberé poner especial atención en lo que como y para no olvidar esa sensación a carbón y salsa de tomate, una vez al mes me parece mas que adecuado.

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